José Luis Nassar: dichoso aquél que es reconocido por sus pares

José Luis Nassar ha sido reconocido con el Premio Nacional de Jurisprudencia 2025, galardón otorgado por la Barra Mexicana, Colegio de Abogados. Platicamos con él sobre sus experiencias y lo que lo llevó a ganar este prestigioso premio y reconocimiento por parte del gremio jurídico.


¿Quién es José Luis Nassar? 

José Luis Nassar es una persona que nació para ser penalista. Porque yo sostengo que el penalista no se forma con la vida; el penalista nace con esa vocación. Ese es José Luis Nassar. Lo demás se lo ha dado la vida: los instrumentos, las universidades, el estudio. La capacidad de pensar en los demás antes que en sí mismo es única y exclusivamente de los penalistas.

¿Qué significa para usted recibir el Premio Nacional de Jurisprudencia 2025 por parte de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, institución a la que ha dedicado tantos años?

José Luis Nassar – Soy orgullosamente barrista desde hace muchos años. Primero, porque creo que el gremio, desde siempre, debe estar unido; inclusive hubo un momento —ahora me arrepiento por las circunstancias políticas de nuestra profesión— en el que pensaba que debíamos colegiarnos de manera obligatoria, como sucede en otros países. Desgraciadamente, por estar la colegiación en el centro del control gubernamental, pues no resulta muy conveniente, menos ahora que las abogacías hemos estado algún tiempo bajo ataque.

Para mí, el premio es una sola señal: dichoso aquél que es reconocido por sus pares. Al ser reconocido por los pares habla mucho de lo que éstos piensan de uno. Una persona debe vivir siempre procurando que se piense bien de ella. Esa es la única herencia que le dejará a sus hijos.

La Barra Mexicana distingue a juristas que dejan huella en la ciencia del derecho. ¿Cuál considera usted que ha sido su mayor contribución al fortalecimiento del Estado de derecho mexicano? 

No rendirme. Desde diversas trincheras (como barrista, como abogado postulante y en su momento como presidente de la Fundación Barra Mexicana), luché, luché, luché y seguiré luchando contra todos los actos autoritarios que ponen en peligro y demeritan al Estado de derecho. 

¿Qué valores han guiado su carrera como abogado y académico? 

Principalmente, la ética. Yo pienso que un abogado, como regla general y como columna vertebral de su proceder, debe seguir una regla de ética. Pertenezco a un colegio en el que el código de ética es un elemento fundamental.

Por otro lado, la lealtad. Hay que ser leales ante el cliente, ante el juez, ante la contraparte, ante uno mismo.

Finalmente, el estudio. Yo creo que la medicina y el derecho, sobre todo en esta época tan cambiante, deben estudiarse todos los días, pero con una diferencia: la abogacía se estudia con la cabeza, pero se ejerce con el corazón. 

¿Cómo ha equilibrado la ética profesional en un mundo tan complejo como el del litigio penal?

José Luis Nassar – No puedo negar que ha sido difícil, porque mantener las convicciones frente a intereses adversos, y a veces poco claros, no es sencillo. No es fácil enfrentarse a un cliente que quiere algo en contra de los principios de uno, negárselo y pedirle que busque a otro abogado que sí lo haga. Pero con firmeza las cosas se van acomodando. Y como en nuestra profesión la fama —llamémosla así— se transmite de voz en voz, quien llega aquí ya sabe cómo es uno.

Usted ha ayudado a transitar hacia el nuevo sistema penal acusatorio. ¿Cuáles son los principales logros y los pendientes de ese sistema a más de una década de su implementación?

Desde la academia y desde los colegios de abogados, cuando vino la transformación quedamos mucho a deber porque fuimos ingenuos.

Lo que hemos visto ahora es que los implementadores del sistema nos han quedado a deber, porque si bien es cierto que nosotros sí nos capacitamos y nos preparamos, y capacitamos a generaciones, y viajamos al extranjero a estudiar y dejamos a la familia para hacerlo, lo que vemos es que se ha vuelto a un tremendo abuso de la prisión, de la judicialización de los asuntos y de la revictimización de las víctimas. Hoy por hoy, el balance es adverso.

Como catedrático, usted ha sido parte de la Escuela Libre de Derecho, de la Universidad Panamericana y de la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Qué lo ha motivado todos estos años a seguir compartiendo y enseñando con las nuevas generaciones?

José Luis Nassar – Cada vez que entro a un aula —y lo hago con mucho gusto–, veo en mis alumnos una sed de justicia, un sueño por hacer justicia y por hacer lo correcto. Ese sueño yo lo compartí a su edad y lo comparto a la mía. Eso es lo que me motiva a ir al aula año con año. Aunque hoy estoy de licencia, sigo con la esperanza de regresar pronto a la cátedra

Usted ha hablado sobre la criminalización de los periodistas y de los defensores de los derechos humanos. ¿Cómo puede el derecho penal evitar ser utilizado como un instrumento de persecución?

José Luis Nassar – ¡Wow! ¡Qué gran pregunta! Desde el punto de vista doctrinal, lo primero que se les dice a los alumnos es que el derecho penal tiene sus límites, y en la doctrina esos límites deben llevarse a la ley, y después de la ley a la práctica. Hoy en México, nuestras leyes, hasta ahora casi todas, le ponen freno al ius puniendi. Lo que no nos está funcionando es la autonomía judicial; conforme ha pasado el tiempo, los jueces han dejado de aplicar frenos al ius puniendi por temor al “qué dirán” o a ser exhibidos en los medios de difusión.

Pero así como digo que el penalista tiene una vocación, el juzgador también tiene una vocación, y ésta tiene que orillarlo a resolver lo justo aun cuando por hacerlo sea crucificado, y en dado caso, ofrecer los clavos.

A lo largo de su trayectoria hemos visto transformaciones profundas del derecho penal mexicano. ¿Cuál ha sido la más trascendente para la justicia en el país?

Hay dos evoluciones fundamentales.

La primera, el sistema acusatorio, que es la mexicanización de una ideología extranjera (que no necesariamente es americana sino más bien una mezcla latinoamericana), donde prevalecen lastres del sistema anterior, como el auto de formal prisión —que medio maquillamos con un auto de vinculación y somos el único país con un auto de esta naturaleza—.

La segunda, la modificación al artículo primero constitucional, en el que se incorporaron a nivel constitucional los tratados internacionales y se les dio supremacía en casos relacionados con los derechos humanos. Eso fue fundamental, nos conectó con el mundo y con la corriente universal del hombre.

La sociedad funciona como un péndulo: es el Estado o el hombre. Hemos estado en los dos extremos. Hoy estamos regresando al Estado y estamos haciendo que prevalezca éste frente a los derechos del hombre. Hay que regresar a los derechos humanos; eso es lo que más nos ha funcionado como país.

Usted ha sido promotor del trabajo pro bono en beneficio de los que menos tienen. ¿En qué estado se encuentran las personas más vulnerables en el derecho penal en México actualmente? 

José Luis Nassar – Se encuentran en un gran vacío, porque las instituciones pro bono, en su mayoría, no han estado a la altura de sus necesidades. Un ejemplo de lo que sí ha estado a la altura es el Instituto de la Defensoría Pública Federal, aunque muchos defensores públicos —lo digo con todo respeto, sin generalizaciones—, son chambistas, van por la comodidad de un salario y de un horario, no por una verdadera vocación. Eso provoca que el justiciable se aleje de la justicia.

Los abogados no podemos estar nada más al servicio de quienes pueden pagar nuestro tiempo; vivir bien y tener dinero para mantener a nuestras familias. ése no es el único motor que nos debe impulsar. Los centros pro bono son el instrumento para devolverle al justiciable la fe que ha perdido. Y si se da prioridad a los grupos vulnerables, aumenta la responsabilidad. No olvidemos que nuestra profesión tiene un carácter social y que nuestra obligación viene desde la Constitución hasta la Ley de Profesiones. Hay que cumplirla porque eso nos hace mejores seres humanos.

Decía mi gran maestro, don Adolfo Miguel y Quevedo, que el abogado carga la cruz del otro, y ese es nuestro trabajo.

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