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Carina Gómez Fröde: marco regulatorio, la principal barrera jurídica de la innovación en salud

Carina Gómez Fröde

Carina Gómez Fröde | Foto: David F. Uriegas

Carina Gómez Fröde, abogada que ha trabajado de manera cercana con el derecho sanitario y presidió la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, comparte reflexiones, desde su experiencia, sobre innovación y tecnología en el sector de la salud, igualdad en el acceso a este derecho y los retos a los que se enfrenta la implementación de las nuevas tecnologías desde el derecho.


¿Qué significa para usted la relación entre innovación y salud en el contexto iberoamericano?

Carina Gómez Fröde – La relación entre innovación y salud es fundamental. No podríamos hablar de salud si no hablamos de innovación. Esto significa que transforma nuestra calidad de vida. La innovación es muy importante para transformar el sistema de salud en todo el mundo; por ejemplo, sus métodos, sus productos y sus medicamentos para el bienestar de toda la población. La innovación está vinculada con la implementación de tecnologías —telesalud, telemedicina, inteligencia artificial aplicada a la salud, nuevos fármacos, terapias—. En el contexto de Iberoamérica hay mucha desigualdad; el reto es fortalecer las infraestructuras sanitarias y dedicar mayor financiamiento para que los servicios de salud sean de calidad.

¿Cuáles considera que son las principales barreras jurídicas o institucionales que frenan la innovación en los sistemas de salud?

Carina Gómez Fröde – La principal barrera jurídica es el marco regulatorio que tenemos. Se entiende que existe para garantizar la seguridad y la implementación de nuevas tecnologías y tratamientos, pero es sumamente rígidos Todos estos trámites burocráticos, por ejemplo, para la aprobación de nuevos dispositivos, a veces retrasan muchísimo y eso desincentiva a toda la industria farmacéutica; frente a una burocracia que no funciona correctamente se frena la inversión. 

La otra es que no hay incentivos. 

La tercera —ésta es una apreciación personal— es que no hay sinergia entre el sector público y el sector privado en materia de salud. Debería haber una colaboración intersectorial, y no la hay básicamente porque los poderes públicos desprecian un poco a la academia y a grandes expertos en materia de salud que han venido desde la pandemia a proponer nuevas ideas para enfrentar problemas como el que tuvimos durante el Covid-19. Todos los ex secretarios de Salud fueron ignorados por el gobierno anterior y, sobre todo, por la Secretaría de Salud. En los países desarrollados se piensa que debe haber plataformas de ideas; es decir, donde investigadores, médicos, empresas y todo el mundo puedan intercambiar ideas y colaborar frente a todas las innovaciones.

¿Qué papel deben jugar el derecho sanitario y las abogacías en la incorporación de nuevas tecnologías médicas y digitales?

Carina Gómez Fröde – Algo que tiene que preocuparnos es que estas nuevas tecnologías no comprometan los derechos fundamentales de los pacientes.

La digitalización ha transformado nuestra forma de ver el mundo y ha hecho posibles muchas gestiones de servicios de salud —la telemedicina, por ejemplo—. Sin embargo, esta preocupación ante las potenciales violaciones de los derechos fundamentales de estos pacientes implica que los protejamos y que tengamos regulaciones claras —por eso necesitamos a los abogados en el sector salud—. Un problema que he notado en mi experiencia es que médicos y abogados a veces no se llevan bien; los primeros piensan que los segundos no sirven y terminan perjudicándose a sí mismos a través de regulaciones mal hechas y leyes contradictorias, mal redactadas.

Necesitamos trabajar todos juntos, porque los abogados no sabemos de tecnología y necesitamos tener a nuestro lado a expertos en la materia para afrontar así los retos que supone la incorporación de nuevas tecnologías.

¿Cómo garantizar que la innovación en salud sea accesible y equitativa y no profundice las desigualdades? 

Carina Gómez Fröde – Tiene que ver mucho con ideología, porque la ideología siempre está presente también en las políticas de salud y sanitarias. Debemos tener un Estado que diseñe políticas públicas con perspectiva de equidad. Necesitamos fortalecer políticas de evaluación de nuevos tratamientos e identificar cuáles son las poblaciones vulnerables o las que están desatendidas. Con esto podríamos ayudar a garantizar la equidad. No se incluyen las voces de muchas de nuestras comunidades en el diseño de políticas públicas.

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¿Qué reformas normativas o políticas públicas considera que son urgentes para alinear innovación y derecho a la salud?

Carina Gómez Fröde – Aparte de las reformas normativas y políticas públicas, yo consideraría las económicas también como las más importantes; me refiero a destinar recursos económicos para que haya avances científicos en materia de derecho sanitario y salud, para contar con soluciones accesibles para la población, para el diseño de políticas públicas con procesos de evaluación más ágiles, para una política de prevención de enfermedades, para involucrar a la población en las decisiones políticas y que nos traten como sujetos de derecho. El gran problema de las políticas en derecho sanitario es que nos tratan como objetos; así fue durante el Covid-19. Ahí está la clave para que tengamos unas políticas públicas eficientes y eficaces.

En el contexto nacional, ¿cómo evalúa el marco jurídico frente a los retos de la innovación en salud?

Carina Gómez Fröde – Pues, como ya te decía, tenemos que superar todos estos obstáculos que hay para poder innovar. Por ejemplo, hay una regulación de medicamentos que ha tenido muchísimas críticas, no hay distribución de medicinas, tenemos muchos conflictos con los medicamentos. Todavía persiste la idea de que los medicamentos genéricos no son iguales a los medicamentos de patente, pese a que ya se venció la patente. Entonces aun entre los médicos hay esa idea de que “yo me compro mi caja de medicina de patente porque me va a hacer más efecto que la otra”. Esos son obstáculos terribles que aún existen en la sociedad. Por otro lado, aunque la consulta a distancia tuvo mucho éxito durante la pandemia, hay muchos médicos que prefieren atender al paciente de manera personal. Y muchos de ellos son muy reticentes a entrarle a la telemedicina. Hay que establecer estándares para que los médicos a distancia puedan sentirse más cómodos dando consultas a distancia. En este sentido, es muy importante consolidar la idea del expediente clínico electrónico.

¿Qué papel deberían tener las universidades en la promoción de la innovación sanitaria?

Carina Gómez Fröde – Nunca hemos tenido un Premio Nobel en Medicina mexicano. Es una pena que la Universidad Nacional Autónoma de México, hasta la fecha, aún no lo haya conseguido. Hay muchas explicaciones por las que eso no sucede; entre otras, porque hace falta muchísimo apoyo económico para los investigadores. Se requieren más incentivos, liderazgos, capacitación. Todo esto se tiene que potenciar. Está muy bien que la universidad se encuentre en los mejores rankings a nivel internacional, pero de nada sirve si no aporta tecnología mexicana. Toda la tecnología que utilizan nuestros médicos viene de Alemania y de otros países desarrollados. Yo quisiera ser más optimista. Hay que seguir teniendo esperanza de que las nuevas generaciones estén cada vez más preparadas para aportar más conocimiento científico para el bienestar de los mexicanos.

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