Crimen y castigo en un barrio de México


“En un caluroso atardecer de principios de julio, un joven salió de la pequeña buhardilla que tenía alquilada en el pasadizo Stoliarny y se encaminó a paso lento y un tanto indefinido hacia el puente Kamenny.” Ese joven era Rodión Románovich Raskólnikov, el trágico personaje imaginado por Fiódor Dostoievski para su novela Crimen y castigo.

Publicada en episodios entre 1866 y 1867 en la revista El Mensajero Ruso, la novela se editó como libro al poco tiempo. Raskólnikov es un estudiante solitario y atormentado, habitante de un departamento miserable en San Petersburgo que, para sobrevivir, recibe dinero de su madre y su hermana. Se siente superior, con un destino de grandeza que contrasta con su situación económica, su futuro quebrado por una vida oscura, injusta. 

Para salir de ese abismo, en su mente crece la idea de asesinar a una usurera, un ser despreciable a los ojos de Raskólnikov, para robarle dinero y objetos de valor. Él es un ser superior que se permite hacer a un lado a los seres inferiores, rémoras sociales.

Después de su crimen, en aquel caluroso julio de San Petersburgo, el joven estudiante recorre los días y las calles en afiebrado quebranto, en el creciente y moral castigo de sus actos. Se cruzarán en su camino, entre otros personajes, un viejo alcohólico y su hija, una adolescente prostituta; un leal amigo de escuela y un juez encargado de las investigaciones del asesinato.

Crimen y castigo se llevó al cine en más de 20 ocasiones alrededor del mundo. La primera vez en 1909, una película actualmente perdida filmada en la Rusia zarista. Mucho le deben a la novela dos películas de Woody Allen: Match Point y Hombre irracional

En México, el español Paulino Masip adaptó la novela para la película dirigida por Fernando de Fuentes en 1950, con Roberto Cañedo en el papel de un Raskólnikov chilango bautizado como Ramón Bernal.

Estrenada en marzo de 1951 en el Cine Ópera, Crimen y castigo es una de las últimas películas del director veracruzano, después de Por la puerta falsa y antes de Los hijos de María Morales

En su padecer culpable, acompañan a Cañedo Lilia Prado, como la joven prostituta hija del borracho, Carlos López Moctezuma como el comisario de policía, Luis Beristáin en el papel del fiel amigo, Lupe del Castillo como la usurera, la abnegada madre es Fanny Schiller y la hermana de Ramón es Elda Peralta.

Emilio García Riera calificó la adaptación de la novela como “una especie de Félix B. Caignet ruso” (se refería al autor del melodrama El derecho de nacer).

A pesar de todo, la versión de Fernando de Fuentes, más allá de sus concesiones al melodrama nacional, a la simplificación y el extravío, ofrece temas de reflexión: la lucha mental del asesino por su falta, la delgada línea entre el bien y el mal, la impunidad y la imperante razón de la justicia, el peso de la conciencia ante el crimen, el remordimiento y la tortura psicológica, la redención y la confesión.

La novela de Dostoievski vivió en los cincuenta en una azotea de la Ciudad de México. 

Carlos López Moctezuma, en su papel del astuto comisario, aconseja a Bernal: “Usted cometió un crimen… En el sufrimiento podrá encontrar su redención; estoy seguro de que sentirá la necesidad de la expiación. Voy a pedirle un favor: si se le ocurre suicidarse, deje una nota escrita, será más digno; a veces la justicia, para no quedar mal, cierra los ojos y castiga a un inocente”.

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