Cuando el derecho se vuelve incomprensible, deja de ser justicia. Raúl Arroyo alerta que sin empatía en el lenguaje jurídico, la ley se transforma en un muro que excluye a quienes debería proteger.
La palabra jurídica no solo describe, también transforma realidades. Jesús Silva-Herzog recuerda que cada decreto es una acción que moldea el mundo y redefine el alcance del lenguaje en la vida pública.
El discurso jurídico no es ajeno a la cultura: es una de sus columnas vertebrales. Serrano defiende que el derecho sea escuchado en la Academia porque su lenguaje define la estructura del Estado.
El derecho no existe sin palabras. Diego Valadés recuerda que el lenguaje es su materia prima y su instrumento más poderoso, pero advierte que su complejidad lo ha vuelto inaccesible para quienes más lo necesitan.