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Ignacio Soto Borja: 55 años de notariado

El notario Ignacio Soto Borja y Anda cumplió este año 55 años como notario público de la Ciudad de México. Platicamos con él sobre sus experiencias y aprendizajes durante este tiempo. Compartió valiosos consejos para quienes ejercen la abogacía y las juventudes sobre la vocación en el mundo notarial.


¿Qué lo motivó a convertirse en notario público?

Ignacio Soto Borja – En un inicio, fue la herencia familiar: mi abuelo y mi papá fueron notarios, pero yo nunca pensé en serlo. Sin embargo, cuando estudiaba en la Escuela Libre de Derecho, consideré que, en un futuro, tal vez podría dedicarme a ello. Así que me enfoqué en esa posibilidad, aunque remota, sin imaginar que se haría realidad.

Finalmente, obtuve la patente de Notario por oposición a los 25 años. Recuerdo que cuando terminé el examen de oposición —que concluyó a las dos de la mañana— desperté a mi padre para avisarle que había ganado. Él me respondió que esperaba que durara un año. Me sentí muy mal, porque no compartió la alegría de verme como notario. Con el tiempo comprendí su reacción: asumir una responsabilidad de ese tamaño a esa edad no es fácil. Ahora entiendo su posición.

Ya son 55 años ejerciendo esta profesión, y lo hago con gran satisfacción, porque he podido atender a personas de todos los sectores: plomeros, ingenieros, empresarios, secretarios de Estado, presidentes. Siempre bajo los principios del notariado: honestidad y servicio.

En todos estos años, ¿qué cambios importantes ha visto en la función notarial?

Ignacio Soto Borja – ¡Ahora sí que me hiciste reír! Cuando empecé, no existían las fotocopiadoras. Las máquinas eran mecánicas y usábamos papel carbón para sacar copias. También teníamos máquinas especiales para insertar los protocolos, ya que la seguridad del acto notarial dependía de estos documentos.

Escribíamos en máquinas especiales de protocolo, y después surgió un sistema con gelatinas para imprimir las páginas. Me tocó vivir la transición del protocolo tradicional a los folios, y ahora al protocolo digital.

En estos años hemos tenido que adaptarnos a múltiples cambios, no solo en los instrumentos, sino también en el alcance de nuestra labor. Antes el notariado era muy local; hoy debemos atender a mexicanos que viven en el extranjero y armonizar el derecho nacional con normas internacionales, especialmente en casos como fallecimientos.

¿Algún momento memorable como notario?

Ignacio Soto Borja – Muchos. Por ejemplo, me tocó protocolizar la asamblea constitutiva del INFONAVIT. Eso ayudó a transformar el derecho de vivienda en una realidad para muchos trabajadores. Antes, las viviendas eran unifamilares; después surgieron los condominios, pero en ese tiempo muchos de los Estados de la República no tenían ley que los regulara. Sin embargo, al principio se construían en tierras ejidales, lo que implicaba grandes problemas legales para protocolizar las escrituras.

¿Qué ha cambiado en la relación entre el notariado y la sociedad?

Ignacio Soto Borja – El notariado ha adquirido una vocación de servicio social más clara, reflejada en programas como el «Mes del Testamento» o las jornadas notariales, que facilitan el acceso de las personas a nuestros servicios.También hemos sido actores clave en los cambios legislativos, como los relacionados con la discapacidad, donde la ley ya no puede interpretarse sin considerar los derechos humanos. Por eso, el notariado está en constante capacitación.

Además de notario, usted se ha desarrollado en el deporte, la educación y la investigación. ¿Qué siente al mirar hacia atrás?

Ignacio Soto Borja – Cuando empecé a dar clases, veía a colegas de 50 años fatigarse al subir unas escaleras. Me di cuenta de que la educación en México prioriza lo intelectual y olvida lo físico. Un profesionista sin energía está condenado a ser víctima del sistema. Por eso siempre he tratado de ampliar el horizonte de mis alumnos: que no fueran solo abogados, sino personas con cultura universal, educación física, mental y espiritual. He promovido los derechos a la salud y al deporte, que muchas veces están olvidados.

Identifiqué al pádel como un medio para promover el deporte. Logré que se reconociera como deporte mexicano mediante la formalización del reglamento que Enrique Corcuera había hecho para su familia. Lo revisamos juntos, lo adecuamos, definimos su nombre y lo registré en el Instituto Nacional del Derecho de Autor.

Una dificultad era que la gente no conocía las dimensiones oficiales de las canchas. Hicimos estudios para hacerlas de vidrio, que ya existían, pero formalizamos su uso con medidas oficiales, haciéndolas patentables y más seguras. Así, la gente pudo invertir con confianza, sabiendo que incluso podrían mover sus canchas si lo necesitaban. Siento una enorme satisfacción de que un deporte mexicano se juegue en todo el mundo y que esté próximo a entrar a los Juegos Olímpicos.

También desarrollé el sistema JUPOK (JU de juego y POK de pelota en maya), implementado con apoyo de la Secretaría de Educación de Guanajuato. Hoy, más de 25 mil niños practican este sistema deportivo. Sin lugar a dudas, una de las cosas que más disfruto es dar clases. En los 58 años que llevo haciéndolo, le he regresado algo a mi alma mater, la Escuela Libre de Derecho y he sido feliz.

¿Tiene algún mensaje para las juventudes?

Ignacio Soto Borja – Hay que aprender a desaprender. Lo que hemos aprendido nos trajo hasta aquí, pero puede convertirse en un ancla si no lo soltamos para recibir nuevos conocimientos. Muchos dicen que la profesión del abogado está por desaparecer. Yo pienso lo contrario: en este mundo cambiante, alguien debe conducir los procesos y ese alguien es el abogado.

No serán los médicos, ni los ingenieros, ni los arquitectos. Solo los abogados pueden regular y dar forma jurídica a estos cambios.

¿Cuál es el futuro del notariado con tantos avances tecnológicos?

Ignacio Soto Borja – Mi abuelo necesitaba tener una caligrafía impecable para ser notario. Después llegaron las máquinas de escribir y ese requisito desapareció. Más tarde, los libros de protocolo fueron indispensables para la seguridad jurídica, pero también dejaron de serlo.

Hoy vivimos la era del protocolo digital. Los instrumentos cambiarán, pero la esencia del notario sigue siendo la misma: ser un perito en derecho, un asesor imparcial con conocimiento, criterio y calidad moral. Esa esencia ha sido reconocida no solo por siglos, sino por milenios.

Ha formado a muchos abogados, ya sea desde su notaría o en la docencia. ¿Qué mensaje final les daría?

Ignacio Soto Borja – Primero, que amen la vida. Muchos se dejan atrapar por la rutina: llegan a la oficina a las 7 de la mañana y salen a las 7 de la noche, sin darse tiempo para su familia o su crecimiento personal.

La vida es mucho más amplia. Tiene espacios para la cultura, la salud, el gozo. No se cierren a una sola actividad. Sean universales. Hagan su trabajo con pasión, sí, pero también prioricen la salud y la familia. Lo demás vendrá por añadidura.

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