La conquista de la razón o Sor Juana Inés de la Cruz: el viaje onírico y el despertar intelectual

La mirada de Gustavo E. Castañeda revela a una Sor Juana Inés de la Cruz que convierte el sueño en territorio de resistencia, donde la metáfora se vuelve una grieta luminosa que cuestiona las certezas de un mundo sostenido por jerarquías y silencios.


… El mundo iluminado, y yo despierta.

Sor Juana Inés de la Cruz, Primero Sueño

La poesía de Sor Juana Inés de la Cruz debe dejar de verse como una reliquia de la historia mexicana y erigirse como lo que es: una obra que permanece viva e incólume frente a la inevitable corrosión de los siglos. La “Décima Musa Mexicana”, como también es conocida, fue, sin duda alguna, una de las figuras más descollantes de la literatura barroca; una mujer que logró sobresalir en un mundo en el que la dominación y la opresión masculinas eran más lacerantes que las que vivimos hoy en día. 

A pesar de las grandes dificultades estructurales y sistemáticas que sufrió Sor Juana, gracias a su trabajo y a su esfuerzo alcanzó un amplio reconocimiento dentro de las letras, convirtiéndose en una voz firme en la defensa de los derechos de las mujeres y de su educación. Fue una de las primeras mujeres en cuestionar los roles atávicos de género que se recrudecían por una sociedad y una Iglesia misóginas.

Fascinación, no hay mejor palabra que describa lo que representa Sor Juana Inés de la Cruz y su monumental obra; su enigmática complejidad hace de su poesía algo seductor que resuena imperecederamente a través de los tiempos. Lo erudito y lo estético de su prosa; lo profundo y lo misterioso de su legado, siguen llenando de interés e intriga a estudiosos y a lectores de todas partes del mundo. Los trabajos de Sor Juana Inés de la Cruz han sobrepasado las fronteras terrestres y temporales, y han alcanzado un prestigio incontrovertible no sólo en el México virreinal, sino en toda América y en la Península Ibérica.1

Mientras más pasan los años, su figura y su obra siguen cautivando a más escritores y ganando más admiradores, quienes leen y revisan con seducción y deleite el estilo exquisito y destilado del “Fénix de América”. Es probable que lo más fascinante de Sor Juana no sea el valor literario y docto de su obra, sino la propia razón de ser de esta asombrosa mujer. Su barroquismo y su realismo ontológico deja atónitos a literatos, teólogos y filósofos, quienes sucumben ante el pensamiento insondable y versátil de la “estrella de la colonia”.2

Decía Octavio Paz —Premio Nobel de Literatura 1990— que “el enigma de Sor Juana Inés de la Cruz es muchos enigmas: los de la vida y los de la obra”.3 Efectivamente, hay un vínculo indisoluble entre la vida y la obra de los grandes pensadores, y lo cierto es que esa relación nunca —o casi nunca— es sencilla. Si analizáramos la vida de Sor Juana no entenderíamos a cabalidad su obra; de la misma manera, si observáramos sólo su vida no comprenderíamos su vida. Entre ambas hay una zona de penumbra; una parte que tiene que ser interpretada y que nos habla de su ingenio artístico y literario. Es la bóveda celeste que nuestra autora va iluminando con los astros de su puño y letra.

En la vasta y diversa producción literaria de Sor Juana, “Primero sueño” es, sin duda alguna, una de sus composiciones poéticas más emblemáticas. Se trata de unos de los escritos con mayores tintes personales que reflejan un estilo literario de madurez. El poema en sí es una de las piezas más sublimes de la literatura barroca, pues es una obra de dilatada extensión y de profunda complejidad que nos ofrece una mirada al intrincado y elevado pensamiento de la “La Décima Musa”.

El poema es más que un conjunto de versos acomodados de una forma bella y elegante, ya que, al aproximarse al acto de dormir, se inicia una exploración sobre el conocimiento y la búsqueda rigurosa de la verdad, presentando como alternativas ontológicas el nominalismo medieval tardío y el realismo renacentista.4

La primera impresión que se asoma de la lectura de “Primero sueño” es su naturaleza cargada de intelectualidad, pues aborda una pléyade de temas de un insondable carácter filosófico y existencial, empleando magistralmente la metáfora del sueño a partir de un abanico de posibilidades, con múltiples caras y pletórico. Ella misma advierte, en su “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, que no se acuerda de haber escrito texto alguno por gusto o por placer, sino por la salvedad de aquel texto que denominan “El sueño”. Este último diminutivo resulta engañoso por la complejidad y lo ambicioso que es, en realidad, este laberinto hecho prosa.5

No sé sabe con precisión la fecha en que fue redactado este poema —evidentemente durante el siglo xvii—. Apareció publicado por primera vez en el segundo tomo de las Obras, en 1692; no obstante, por lo que señala la propia Sor Juana, la obra ya era conocida y analizada con anterioridad a esa fecha. Ahora bien, como poema de madurez, nos obliga suponer que habría sido escrito cuando ella tenía alrededor de 40 años de edad, es decir, aproximadamente en 1685.

Al principio —como indica Sor Juana en la “Respuesta a Sor Filotea”— el poema se llamaba “El sueño”, sin más; sin embargo, en la edición de 1692 el título se extiende a la denominación que ha llegado a nuestros días como “Primero sueño”. Aparentemente, Sor Juana lo tituló de esa manera haciendo referencia a la obra de Luis de Góngora. Lo más probable es que ella tenía planeado redactar un “Segundo sueño”; por ello, la alusión y la deferencia a Góngora, quien había escrito dos “Soledades”, justamente: “Soledad primera” y “Soledad segunda”; poemas que, por supuesto, causaron una gran conmoción pues cumplieron con las expectativas estéticas de ese periodo.6

Aunque hay otros que opinan que el poema es, en sí, una totalidad autosuficiente, por lo que no requiere una segunda pieza, y que tampoco Sor Juana tuvo la pretensión de redactarla. En todo caso, haber agregado el adjetivo “primero” constituyó más bien un entrometimiento atrevido por parte de los editores.5 Esta cuestión plantea un asunto de carácter interpretativo en relación con la intención original de la autora. Como ya hemos advertido, este poema es uno de los pocos que Sor Juana reconoce haber escrito por gusto personal, lo que en cierta forma indica que su finalidad no era necesariamente escribir una secuela o una continuación de esa pieza.

El poema se enmarca en un escenario literario en el que Sor Juana se encara con los artificios patriarcales de la época colonial. Si bien es cierto que ese poema recibe influjos de escritores barrocos como Luis de Góngora, también queda patente su originalidad al aproximarse a tópicos oníricos abordados con anteojos filosóficos e, incluso, místicos. Indudablemente, “Primero sueño” es la composición poética de esta escritora que más ha dado de qué hablar, a pesar de que hay quienes lo consideran un trabajo hermético, debido a su aparente impenetrabilidad.7

Se ha llegado a sostener que el interés creciente sobre este poema se debe, entre otras cosas, a su vinculación con la obra de Góngora, principalmente por su acercamiento a las “Soledades” y a “El Polifemo”. Ciertamente, la poesía de Sor Juana tiene reminiscencias de la métrica gongorina y recupera, además, algunos ingredientes como las referencias mitológicas, el lenguaje elevado, las representaciones de la naturaleza y el hipérbaton.2

El cambio más importante en la apreciación de la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz —ese fulgor que ilumina su legado— recayó en sus composiciones de estilo gongorino y, para ser más precisos, en su monumental obra “Primero sueño”. Aunque existen diversos estudios que revaloran esta joya poética, íntimamente ligados a los renovados planteamientos sobre el barroco y la rehabilitación del lenguaje poético de Luis de Góngora, en la década de 1950 se produce la eclosión de su aceptación casi unánime por parte de la crítica literaria. En este lapso se desvanecen los prejuicios antigongorinos que habían obstaculizado la edición y el estudio de “Primero sueño”, permitiendo que esta combinación métrica se erigiera como una obra maestra indiscutible de la autora y una de las más significativas del gongorismo americano.8

“Primero sueño” es un poema extenso, compuesto en forma de silva, que va tocando temas complejos como el conocimiento, la muerte y la dualidad entre el sueño y la vigilia. En efecto, de su lectura se asoma una intrincada red de símbolos que tienen la intención de emprender una insondable exploración del alma humana, en la que el viaje espiritual se revela como un medio para alcanzar el conocimiento y la trascendencia a través de un delicado equilibrio. De esta suerte, con su pluma impecable e inquebrantable, Sor Juana presenta un escrito que no sólo es un canto a la erudición, sino también, al final de cuentas, su confesión más íntima sobre sus dudas y sus batallas por el anhelado idilio con el conocimiento.

Para continuar con el análisis de este poema tenemos que hacer alusión a su estructura y a su temática. En principio, se observa que la disposición de las materias se descubre en forma de silva,9 concertando versos heptasílabos y endecasílabos; una estructura formal que le ofrece la posibilidad a nuestra autora de modificar el ritmo y la musicalidad del lenguaje, produciendo una atmósfera onírica que sirve de guía al lector para adentrarse en este periplo a través del sueño. 

Justamente debido a la complejidad del poema, algunos autores han propuesto que se realicen resúmenes del escrito, aunque también han insistido en continuar analizando el armazón del poema, así como su trascendencia en la transmisión de la representación del texto, lo que en cierto modo es un anuncio del predominio de los análisis de tipo estructuralista que van a perdurar en las últimas décadas.10

En la intricada urdimbre de este poema, el sueño se presenta no como el estado físico de la somnolencia, sino como un elevado símbolo de una expedición hacia los abismos del conocimiento más profundo y subrepticio. A través de imágenes deslumbrantes y vívidas, Sor Juana se sumerge en la compleja dualidad que danza entre el sueño y la vigilia, insinuando con maestría que el auténtico saber puede hallarse en los vastos y misteriosos reinos inexplorados de la mente, donde las sombras del inconsciente susurran secretos ancestrales.

“Primero sueño” es, principalmente, como diría Octavio Paz, poesía del intelecto ante el cosmos. Y, en esta clave interpretativa, el escrito parece una exótica profecía acerca de la solitaria hazaña del espíritu que se presenta en la travesía que se emprende para surcar el infinito, tanto exterior como interior. Un viaje que terminará en una caída.11

No se conoce con exactitud el año en que nació Sor Juana Inés de la Cruz —algunos registros señalan el año 1648, y otros, 1651—, pero en lo que sí coinciden los historiadores es en el día: 12 de noviembre. Por eso, más que limitarnos a conmemorar su nacimiento, este día nos debe invitar a mantener vivo su legado, sus enseñanzas y su pensamiento, rindiéndole el mejor homenaje posible: leyéndola, comprendiéndola y dejando que su voz siga iluminando nuestro presente.

Notas:
  1. Edith O. Newby, “Sor Juana Inés de la Cruz, científica”, Revista Hispánica Moderna, Estados Unidos, año xx, núm. 3, 1954, pp. 17-20.[]
  2. Idem.[][]
  3. Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe, Barcelona, Seix Barral, 1982, p. 12.[]
  4. Lydia Deni Gamboa López, “Las ontologías y metodologías para alcanzar el conocimiento en ‘Primero Sueño’ de Sor Juana Inés de la Cruz, Hipogrifo. Revista de Literatura y Cultura del Siglo de Oro, España, vol. 5, núm. 2, 2017, pp. 403-414.[]
  5. Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe…, op. cit., p. 469.[][]
  6. Mercedes Blanco, Góngora heroico. Las “Soledades” y la tradición épica, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2013, pp. 443.[]
  7. Bonnie Gasior, “Década de 1930. La (auto)biografía y el raro perfil psicológico del mejor poeta de su tiempo”, en Rosa Perelmuter (ed.), La recepción literaria de Sor Juana Inés de la Cruz: un siglo de apreciaciones críticas (1910-2010), Nueva York, Instituto de Estudios Auriseculares, 2021, pp. 99-120.[]
  8. Dalmacio Rodríguez Hernández y Dalia Hernández Reyes, “Década de 1950. Temas sobresalientes y conmemoraciones durante el año de Sor Juana”, en Rosa Perelmuter (ed.), La recepción literaria de Sor Juana Inés de la Cruz: un siglo de apreciaciones críticas (1910-2010, Nueva York, Instituto de Estudios Auriseculares, 2021, pp. 149-288.[]
  9. En teoría literaria se conoce como silva a un verso de estilo libre y versátil que combina versos heptasílabos y endecasílabos en un esqueleto asimétrico y de extensión indeterminada.[]
  10. Yolanda Martínez-San Miguel y Laura Catelli, “Década de 1960: biografía, conocimiento y barroco mexicano”, en Rosa Perelmuter (ed.), La recepción literaria de Sor Juana Inés de la Cruz: un siglo de apreciaciones críticas (1910-2010), Nueva York, Instituto de Estudios Auriseculares, 2021, pp. 289-326.[]
  11. Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe…, op. cit., p. 470.[]

Newsletter

Recibe contenidos e información adicional en tu bandeja de entrada.

Nashieli Ramírez: Una mirada a los derechos humanos

La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México analiza la agenda actual en materia de derechos de la niñez, sin dejar de lado reflexiones sobre el derecho a la salud en el contexto de la pandemia, el combate a la violencia de género y el papel de la abogacía en la defensa de los derechos humanos.