Leslie I. Jiménez: derecho penal con perspectiva de género


¿Qué significa aplicar perspectiva de género y de derechos humanos en el sistema penal? 

Leslie I. Jiménez – Es, principalmente, un reto que radica en tratar de advertir que la ley penal tiene que  mantener matices cuando hablamos de género y derechos humanos en un sistema que históricamente se ha utilizado como maquinaria punitiva justificada del Estado. Es también una necesidad.

La ley penal es la forma justificada de violencia estatal, en muchas ocasiones lo que hace es no tener estas lógicas y solamente aplicarse de manera irracional sin tomar en consideración el contexto o las diversas realidades. En este sentido, es necesario que el sistema aplique estas perspectivas para poder garantizar realmente la justicia. 

¿Cómo podemos garantizar que el derecho penal sea una herramienta de protección para las mujeres sin reforzar un sistema punitivo que históricamente ha reproducido violencia y exclusión?

Leslie I. Jiménez – No tendría una respuesta clara, porque nuestro sistema legal sí ha optado por un mecanismo punitivo en lo relativo a la protección de los derechos de las mujeres. Desafortunadamente la ley penal, como está estructurada, no tiende a tener perspectivas, por lo que al momento de querer incorporar temas de género o de derechos humanos, se les impregna a éstas con aspectos punitivos. La lógica de crear más delitos o de aumentar las sanciones pensando que eso puede proteger a las mujeres, solamente atiende a temas de populismo penal y sirve como una suerte de curita para parchar una serie de problemas que están recayendo solamente en el derecho penal.

No tengo una respuesta para poder evitarlo, pero me parece que, si queremos que funcione la acción estatal de proteger los derechos de las mujeres, tendríamos que poner sus necesidades desde una mirada interseccional, porque no todas viven las mismas violencias, ni salen de las violencias de la misma manera. 

Hablando un poco con este tema del punitivismo, ¿por qué crees que nos resulta tan difícil imaginar formas de justicia que no se basen en el castigo y el encierro como única respuesta al daño?

Leslie I. Jiménez – Tiene mucho que ver con que pensamos que el derecho penal es la solución única a todos los conflictos del Estado y que la cárcel es la única forma en que se hace justicia (para cualquier tipo de delito, no únicamente para los relacionados con el género). Las exigencias son viscerales, vienen desde las entrañas, desde la necesidad de ser escuchadas, entendidas y de que el Estado voltee a ver lo que pasó. 

Lo que tenemos que comenzar a poner sobre la mesa es que el derecho penal puede ser una herramienta que se tiene que utilizar con con muchísimo control y cuidado para poder atender estas violencias, que además hay diferentes alternativas –poniendo siempre en la mesa las necesidades de las víctimas–, y –aunque pueda ser incómodo– reconocer que hay víctimas que no son perfectas, que hay reparaciones del daño económico que son necesarias para las víctimas y eso no los hace ni más ni menos merecedores de justicia, y que hay víctimas que a lo mejor sí quieren la justicia entendida como cárcel. 

¿Es posible imaginar un derecho penal no patriarcal?

Leslie I. Jiménez – En estos momentos, me parecería un poco complicado entenderlo, principalmente porque nos encontramos ante un feminismo estatal, que sí es bueno señalar que estamos hablando de género y feminismo un poco más abierto y sin tantas restricciones en esta actualidad. Sin embargo, sigue teniendo muchísimas miradas que siguen reforzando la institución patriarcal, que tiene que ver con las cárceles, con otros diferentes espacios de reclusión, con capacitismos, con racismos, con clasismo. Entonces no sé si llegaríamos algún día a tener un derecho que no sea patriarcal, pero lo que sí puedo pensar y asegurar, y es algo que me mantiene todavía un poco con fe sobre el futuro, es que estamos comenzando a señalarlo. Eso es un gran avance, señalar que por ejemplo hay cierto tipo de legislaciones que no son para nada, o más bien pueden ser feministas para usos anti patriarcales, y que pueden reforzar otro tipo de lógicas que no solamente afectan a las mujeres, sino también a las disidencias sexogenéricas, que también tienen que ver con la perspectiva de género. 

¿Cómo se ve una justicia que sana, repara y no reproduce exclusiones ni violencias estructurales?

Leslie I. Jiménez – Es una justicia que realmente escucha a las víctimas y que no las piensa solamente como etiquetas. escucharlas permite comprender su diversidad (y, por ende, sus diversas necesidades): hay quienes se sienten tranquilas con el sistema, otras con una simple disculpa, otras que sí exigen la justicia punitiva y otras que sencillamente lo único que necesitan es que el Estado reconozca que falló. Para poder llegar a esos lugares es necesario que las autoridades apliquen la escucha activa a las particularidades de cada uno de los casos. 

¿Cómo están, las abogadas feministas, transformando el sentido del derecho penal desde una lógica de cuidado, reparación y construcción de paz?

Leslie I. Jiménez – Me parece que están haciendo un gran trabajo desde la educación. Afortunadamente, hemos tenido muchísimas más mujeres feministas abogadas desde las aulas tratando de poner en cada una de sus clases, en diferentes materias, las perspectivas de paz, de reconstrucción, para no solamente de entender al derecho como una herramienta de aplicación de sanciones o de aplicación de leyes, sino como un instrumento para restaurar y para la paz – la que se le puede dar las personas que están dentro del sistema–. Los estudiantes de derecho tienen, no solamente la responsabilidad de continuarlo, sino también la gran herramienta para poderlo ampliar a partir de internet y otras formas de comunicación y unión con otras abogadas. 

¿Cómo ha sido tu experiencia llevando el discurso de género al derecho penal?

Leslie I. Jiménez – Ha sido un proceso de redescubrir y de escuchar. Todavía hay muchos abogados de la vieja escuela, que se dedican a esta materia, que les ha costado trabajo entender que hay otras miradas en el derecho penal –no solamente las de género y derechos humanos–. Ha sido un proceso de escucha mutua, porque a veces una llega con el ímpetu de la juventud a pedir ser escuchada, pero también es importante escucharles a ellos, sus experiencias, lo que han vivido y todo lo que ha sido para ellos construir a partir de lo que hay en el sistema y de lo que han podido hacer. 

Para mí y para mis alumnos, ha sido un proceso de abrir otros diálogos que tienen que ver con género, de manera más abierta, no solo entre mujeres e institucional, porque es un paraguas que alberga a otro tipo de disidencias; hablemos de otras categorías, como la racialidad y la clase social. Ha sido aprender, escuchar y descubrir desde mi propia profesión.

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