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Nelson Mandela: Premio Nobel de la Paz

Nelson Mandela

En este número especial sobre la abogacía, dedicamos un breve espacio para recordar la trayectoria de Nelson Mandela (1918-2013), abogado y ganador del Premio Nobel de la Paz en 1993. El Día Internacional de Nelson Mandela se conmemora cada 18 de julio “en reconocimiento a la contribución aportada por el ex presidente de Sudáfrica a la cultura de la paz y la libertad”, de acuerdo con la resolución 64/13 emitida por la Organización de las Naciones Unidas  en noviembre de 2009. Lejos de presentar un relato histórico, invitamos al lector a reflexionar sobre el quehacer de este personaje a la luz de un fragmento del discurso que presentó, en febrero de 1990, luego de ser liberado tras 25 años de prisión.


“Hoy, la mayoría de sudafricanos, blancos y negros, reconocen que el apartheid no tiene futuro. Éste tiene que ser terminado por nuestra propia decisión masiva para poder construir paz y seguridad. La campaña masiva de desafío y otras acciones de nuestra organización y de nuestra gente sólo pueden culminar en el establecimiento de la democracia. La destrucción causada por el apartheid en nuestro subcontinente es incalculable. El tejido familiar de millones de nuestra gente ha sido destruido. Millones están sin hogar y sin empleo. Nuestra economía yace en ruinas y nuestro pueblo está envuelto en conflictos políticos. Nuestra incursión en la lucha armada en 1960, con la formación militar de la ANC, fue una acción puramente defensiva contra la violencia del apartheid. Los factores que hicieron necesaria la lucha armada todavía existen. No tenemos otra opción que continuar. Expresamos nuestra esperanza de que pronto se cree un clima propicio para las negociaciones, de tal manera que no haya más necesidad de lucha armada.

[…] La necesidad de unir a la gente de nuestro país es una tarea tan importante ahora como lo ha sido siempre. Ningún líder es capaz de asumir esta tarea por sí mismo. Es nuestra tarea como líderes depositar nuestras visiones ante nuestra organización y permitir que las estructuras democráticas decidan. En cuanto a la práctica democrática, es mi deber apuntar que un líder del movimiento es una persona que ha sido democráticamente electa en una conferencia nacional. Esto es un principio que debe sostenerse sin ninguna expectativa. Hoy, mi deseo es reportarles que mis conversaciones con el gobierno han sido dirigidas a normalizar la situación política en el país.

[…] La gente necesita ser consultada en cuanto a quién va a negociar y el contenido de tales negociaciones. Las negociaciones no pueden tener lugar por encima de las cabezas o a espaldas de nuestra gente. Es nuestra creencia que el futuro de nuestro país sólo puede ser determinado por un grupo democráticamente electo, sin ningún sesgo racial. Las negociaciones de desmantelamiento del apartheid van a tener que atender las abrumadoras demandas de nuestro pueblo por una Sudáfrica democrática, unida y no racial. Debe haber un fin al monopolio blanco sobre el poder político y una reestructuración fundamental de nuestros sistemas económicos y políticos, para asegurar que las desigualdades del apartheid sean atendidas y nuestra sociedad esté completamente democratizada.

[…] Nuestra lucha ha llegado a un punto decisivo. Llamamos a nuestra gente a aprovechar este momento para que el proceso hacia la democracia sea rápido e ininterrumpido. Hemos esperado demasiado por nuestra libertad. Ya no podemos esperar. Ahora es el tiempo de intensificar nuestra lucha en todos los frentes. Relajarnos ahora sería un error que nuestras generaciones futuras no perdonarían. La libertad que se avecina en el horizonte debería animarnos a redoblar nuestros esfuerzos.

[…] Nuestra marcha a la libertad es irreversible. No debemos dejar que el miedo se interponga en nuestro camino. El sufragio universal sobre una dinámica común de votaciones en una Sudáfrica democrática y no racial es el único camino a la paz y armonía racial.

En conclusión, quisiera citar mis propias palabras durante mi juicio en 1964. Éstas son tan verdaderas como lo fueron entonces: “He luchado contra la dominación del hombre blanco, y he luchado contra la dominación negra. He cultivado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el cual espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy preparado para morir”.

Nelson Mandela, 11 de febrero de 1990, Ciudad del Cabo.

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