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Regresar, ¿a cuándo?

La categoría de los derechos humanos parece haber desaparecido del foro público; otras relacionadas —que aparecen como fragmentos de la que se ha descosido— han ocupado su lugar desde hace más de un lustro: justicia social, igualdad, pobreza, inclusión, por mencionar algunas. Sin embargo, aquella que responde a un discurso más amplio sobre la dignidad —y lo que implica en términos jurídicos, económicos, políticos, sociales y culturales— ya no está presente o, mejor dicho, ya no aparece en las plazas, en los parques ni en las conversaciones de sobremesa, donde solía sentarse, al menos en su dimensión lingüística.

Leo Herida fecunda (Páginas de Espuma, 2024) de Sandra Lorenzano y me encuentro con este fragmento: “ ‘Añorar es una forma de regresar’, escribe Sylvia Molloy. ¿Adónde? O quizás la pregunta debería ser ‘¿a cuándo?’ Ya sé que no está bien dicho, pero quizás ese error contenga todo lo que quiere ser escrito”. El contexto de ese texto es otro (¿sí?); Lorenzano escribe sobre la memoria y el exilio. La lectura que hago desde una circunstancia de profundas transformaciones políticas, institucionales y discursivas también me impacta a través de los temas de la autora. La memoria de un pasado reciente, cuando se hizo un gran esfuerzo por encaminarnos hacia un mundo sostenible y un planeta habitable para todos; y, de repente, el punto en el que todo se rompió y nos arrancó (¿del espacio, del tiempo, de la lengua?) y nos devolvió de manera súbita (¿en el espacio, en el tiempo, en la lengua?) a prácticas autoritarias que se creían parcialmente superadas.

Escribe Sandra Lorenzano: “Desplazamiento/dislocación. Hacer del ‘fuera de lugar’ una poética, la búsqueda de una (otra) voz (quemadura). Zurcir el quiebre en la lengua”. Quizá en la búsqueda de ese retorno al lugar (al tiempo) añorado tengamos que coser las palabras (en discurso) de manera que los derechos humanos reaparezcan en su totalidad y no sólo a través de fragmentos, aunque se noten los vestigios de su dura transformación. “La dislocación es desacomodo, incomodidad. Puntadas que se notan: lengua zurcida.”

El lugar planetario lo habitamos y lo seguiremos habitando; no es ahí adonde tenemos que regresar, sino desde donde debemos replantear nuestro regreso a los derechos humanos. Y ese regreso no se puede plantear en una dimensión espacial. “ ‘Dislocar’: del latín dislocare, ‘sacar de su lugar’. El lugar es en realidad un tiempo”. En ese sentido, preguntémonos al respecto, a través de ese error que contiene todo lo que quiere ser escrito: “Regresar ¿a cuándo?”

En las páginas de esta edición de abogacía® Luciana Wainer nos comparte la siguiente reflexión: “Tengo una visión quizás ingenuamente optimista, pero creo que es más fácil volver a recorrer los caminos que ya hemos recorrido […] Así como decimos que la experiencia del cuerpo es intransferible, ya no podemos desandar la experiencia que hemos recorrido”.

Adelanto mi reflexión: regresemos al tiempo en que los derechos humanos (y su condición necesaria, la democracia) eran el lenguaje que intentaba, en el mundo, configurar la realidad.

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