"México está en un momento paradigmático crítico —la transición tecnoeconómica a la que me refiero en mi obra— y no podemos permitirnos repetir los errores del pasado esta vez."
La trayectoria de Mayer se cruza con una conciencia temprana de desigualdad. El arte aparece como un espacio para cuestionar jerarquías, visibilizar ausencias y abrir otras formas de relación.
Justicia, igualdad y derechos no son categorías antiguas, pero los códices permiten comparaciones críticas. Brito subraya que sin conocer el pasado resulta imposible evaluar avances, rupturas y deudas del presente.
Rieff describe una cultura donde el deseo pretende sustituir al destino, y donde la identidad se afirma como verdad incuestionable, transformando debates sociales, artísticos y políticos en disputas morales más que en discusiones racionales.
Viridiana Molina revela cómo la prisión federal convierte el cuerpo femenino en territorio de castigos silenciosos y decisiones arbitrarias, mientras un sistema rígido fabrica culpabilidad y deshace cualquier rastro de identidad.
Luciana Wainer expone cómo la criminalización del aborto nace en la cultura patriarcal y termina en sentencias que convierten emergencias obstétricas en homicidios. ¿Quién decide el destino del cuerpo femenino?
Con «Somos bestias», Helena Spencer plantea que la furia femenina no debe negarse, pues la rabia y el dolor también son parte de la identidad, capaces de proteger y de abrir espacio vital.
"Las violaciones a los derechos humanos no se acaban porque se diga en una conferencia de prensa que se acabaron. Hay agentes del Estado mexicano que continúan cometiendo violaciones a derechos humanos."
Esparza examina cómo los discursos de odio no nacen del poder, sino del miedo, la ignorancia y el desprecio internalizado hacia la diferencia y lo indígena.