Gema Ayecac: mediación, paz y justicia


¿De qué forma la mediación ha sido adaptada a las realidades culturales y sociales en México? 

Gema Ayecac – La mediación ha estado presente en toda la historia de la humanidad. En algún punto nos decantamos por creer que la mejor justicia era la de los tribunales y la mediación quedó un poco al margen, pero se recuperó un poco a partir de la Segunda Guerra Mundial, en un contexto en el que el hombre se vio amenazado. En el ámbito internacional público, entre las naciones la solución pacífica de los conflictos es la vía para evitar la amenaza a la humanidad, y posteriormente se ha ido incorporando a los marcos jurídicos de cada país de diferentes maneras, unas más pragmáticas, otras más enfocadas al tema de la cultura de paz y la gestión pacífica de conflictos. Así es como tenemos esta concepción contemporánea de la mediación. La mediación ha experimentado diferentes matices en el transcurso de la historia y en la configuración jurídica de diferentes países. 

¿Cómo dialogan la mediación y la justicia con perspectiva de futuro? 

Gema AyecacEs un error desvincular estas dos categorías. Hay que ampliar la mira para tener una visión macroscópica y empezar por situarnos temporalmente en el momento que estamos viviendo ahora: la posmodernidad, donde cambian las identidades, las sociedades y los espacios que reclaman las individualidades respecto de las instituciones. Esto nos hace ampliar el horizonte, no solamente sobre qué espacios les corresponden a la institución o al individuo, sino también ampliar la conciencia hacia otros ámbitos que antes no eran tomados en cuenta; por ejemplo, hacia otros seres sintientes, pues no podemos situarnos como “el hombre”, la concepción general del hombre como el centro y el absoluto poseedor de todos los derechos, sino que hay que entender que existen diferentes centros de gravedad en los que cada identidad, cada generación, cada ser están reclamando su espacio.

Por eso, el marco jurídico y los sistemas de justicia ya no son suficientes. Y es ahí donde la mediación logra, a través de sus metodologías comunicativas y del reconocimiento de la dignidad de los involucrados en un conflicto, entender estas cuestiones: qué valores son los que están en juego y qué derechos tiene cada una de las partes en una controversia. 

¿Cómo contribuyen los mecanismos alternativos de solución de controversias a desmantelar la lógica punitiva sobre la que está construida nuestra sociedad?

Gema AyecacLo intentan. Siempre he sostenido que la paz no se construye solamente a través del derecho. Hay que construir marcos completos desde la ciencia política, la comunicación, la educación para la paz; es decir, hay que cambiar la idea y la concepción que tenemos del Estado y de la función que tiene cada individuo. La justicia punitiva parte de un presupuesto que hoy ya no se sostiene de ninguna manera: que el rompimiento del orden es una anomalía que hay que castigar con la intención de evitar que se repita. No hace falta más que salir a la calle o abrir una red social o un periódico para darnos cuenta de que eso no funciona.

Hay que empezar a pensar en otras concepciones de la justicia. A mí me gusta mucho el tema de la justicia compasiva que ha elaborado Marta Nussbaum desde un enfoque multidisciplinario (hablando de marcos de paz completos). Tal vez no tengamos que castigar. La existencia de niños sicarios no es responsabilidad suya. Quizá lo que haya que hacer es que el Estado atienda las problemáticas estructurales e individuales que ha generado esa situación, que ya ni siquiera es una anomalía porque lamentablemente cada vez es más común en nuestro país y en América Latina.

En este contexto, ¿cómo actíua la mediación? A través del reconocimiento de todas las identidades, de las herramientas dialógicas y, principalmente, de considerar, desde la multidisciplina, con un estándar de equidad, la dignidad idéntica para todos. A partir de eso surgen soluciones que ya no están acotadas solamente al ámbito del derecho, sino que implican otras formas de resolver los problemas. Esa es su principal virtud.

Después de alcanzar un acuerdo a través de la mediación, ¿qué se necesita para que ese acuerdo realmente se sostenga?

Gema AyecacUn buen trabajo de mediación. Si uno simula una mediación y en realidad lo único que quiere es tener un convenio, no será posible diagnosticar cuál es el conflicto ni profundizar para ver cuáles son realmente los intereses y las necesidades de cada parte involucrada, qué posibilidad hay de que, si yo atiendo tus intereses y tus necesidades legítimamente, tú incumplas ese acuerdo. ¿Qué posibilidad hay si yo simulo la mediación y en realidad sólo estoy forzando la firma de un convenio? Porque el conflicto sigue latente. Probablemente lo único que logramos es desescalarlo, pero no lo resolvimos. La mediación es una herramienta extraordinaria, pero si no está acompañada de personal capacitado y de toda esta parte axiológica de valor, puede ser incluso una herramienta perversa para el sistema de justicia. Regresando y concentrando, ¿qué hace falta? Que realmente exista mediación y atendamos a las partes con dignidad y que entendamos cuáles son sus intereses y sus necesidades.

¿Puede la mediación contribuir a reconstruir el tejido social en las comunidades y en los grupos vulnerables directamente atravesados por la violencia sistemática? 

Gema AyecacAbsolutamente. De hecho, lo hace. Hay muchos casos, y los vemos todos los días en los medios de comunicación, aunque institucionalmente no los reconocemos. Por ejemplo, las madres buscadoras: ¿cuántas veces por semana negocian con los líderes criminales? ¿Y con los curas y la clase política? ¿Cuántas veces negocian con estos grupos? Y lamentablemente negocian cuestiones fundamentales, como la vida de una persona o el desplazamiento forzado de una comunidad. La mediación se hace empíricamente. Y estoy segura de que si este esfuerzo empírico estuviera acompañado de apoyo institucional, de los marcos jurídicos adecuados, de operadores capacitados, podría ser incluso mucho más potente de lo que es. Definitivamente la meidación es una forma de atender y acercar la justicia a estas comunidades y a estos grupos.

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¿Qué posibilidades ofrecen la no violencia y la cultura de paz como estrategias de transformación social en un país como México, donde muchas veces la violencia se puede concebir como inevitable o necesaria? 

Gema AyecacLa violencia es inevitable en cualquier parte del mundo. Hay muchas teorías al respecto. Partamos del presupuesto de que la violencia es inevitable y de que no buscamos su erradicación —porque sería imposible—, sino un estado de equilibrio temporal en el que la dignidad de las personas pueda ser preservada y las necesidades de todos puedan ser satisfechas mínimamente,.

Por desgracia, estamos viviendo un momento especialmente álgido. Lo estamos viendo en el colapso de la Agenda 2030 y en el incremento de las violencias en América Latina. Ante esto, como individuos, como sociedad, como nación y como colectivo global, ¿qué opciones tenemos? La alternativa que teníamos, que eran las agendas públicas —globales y nacionales—, y la incorporación de los derechos humanos como la máxima aspiración del derecho, está colapsando. Martin Luther King Jr. dijo algo que no me saco de mi cabeza: “La elección hoy ya no es entre la violencia y la no violencia; la elección es entre la no violencia y la no existencia”. Estamos volviendo a ese punto en que la persistencia y la permanencia de la humanidad está amenazada, no por una bomba atómica como en la Segunda Guerra Mundial, sino por la escalada de violencia que no cesa del Estado hacia las personas, de las personas entre sí, y de los Estados con otros Estados. Concretando la pregunta, ¿qué alternativa tenemos en la actualidad? Si no intervenimos estas violencias, aspirando a equilibrarlas, sólo escalarán, y si continúan escalando es probable que comprometamos nuestra existencia como humanidad.

Cuando hablamos de justicia y paz, ¿nos referimos a categorías aisladas o que se construyen de forma paralela?

Gema AyecacSon indisolubles. Están vinculadas en la Carta de las Naciones Unidas. Paz y justicia son principios de doble vínculo: no podemos tener paz si no hay justicia. Si una persona o un colectivo están padeciendo injusticias, seguramente encontrarán otras formas de expresión social, como la protesta, el rechazo, la disidencia; pero sin justicia no hay paz.

Estos valores necesariamente están involucrados: no puede existir justicia si no hay paz, y no puede haber paz si no hay justicia.¿Qué estamos haciendo las personas que creemos profundamente en esto? Trabajar, hacer intentos individuales, porque la aspiración, finalmente, es realizar un trabajo colectivo desde diferentes áreas, desde diferentes disciplinas y ciencias, para lograr que se traduzcan en cambios tangibles y persistentes en la realidad.

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