Martin Guerre: el juicio sobre la identidad

Jaime Vázquez reconstruye el enigma que rodeó la desaparición de Martin Guerre y la vida de Bertrande, atrapada entre rumores y supersticiones. ¿Era el matrimonio una promesa rota o el escenario de un misterio mayor?


Nos encontramos a mediados del siglo xvi en la pequeña población de Artigat, en la región de Mediodía-Pirineos, en Francia, una pequeña aldea campesina. Un buen día, sin explicación alguna, el joven Martin Guerre, casado con Bertrande de Rols, desaparece del pueblo.

Martin y Bertrande se casaron en 1542, cinco años antes de la muerte de Francisco I, rey de Francia y “padre y restaurador de las letras”.

Todo auguraba un matrimonio feliz. Sin embargo, el tiempo pasó sin que Martin pudiera consumar la relación conyugal, hecho que propició fuertes murmuraciones entre los aldeanos.

Surgieron rumores y conjeturas que llevaron a la familia a pensar en hechizos y, en consecuencia, en realizar exorcismos. Después de algunos años, la pareja finalmente concibió un hijo.

No fue algo significativo, pero Martin enfrentó un conflicto con su tío por un robo de trigo y huyó de Artigat, abandonando a su esposa. Nadie supo de él durante nueve años.

Una mañana cualquiera, un hombre se acercó a Artigat y conversó con los aldeanos, quienes reconocieron en él a Martin. La noticia de su regreso se esparció por la aldea. Los habitantes salieron a la calle a saludar al “hijo pródigo”. Bertrande lo miró detenidamente, sus ojos tal vez querían decir algo, lo abrazó y los aldeanos celebraron el reencuentro. Martin recomenzó su vida, recobró su relación con su esposa, estrechó amistades y trabajó intensamente.

Otro buen día, un hecho fortuito sembraría la duda en algunas personas del pueblo. Vagabundos reconocen en Martin a otra persona, a quien llaman Arnaud de Thil, Pansette.

Sobre esta historia real escribieron en su momento Alejandro Dumas y Rubén Darío. En 1983 Natalie Zemon Davis, profesora de Princeton, editó El regreso de Martin Guerre, texto que fue la base para el guión que la propia Davis escribió con Jean-Claude Carrière y Janet Lewis para la película dirigida por Daniel Vigne, protagonizada por Gérard Depardieu como Martin y Nathalie Baye en el papel de Bertrande.

Esta versión puso el acento en el juicio que el magistrado Coras encabezó para desentrañar el extraño caso de suplantación de identidad argumentado por el tío de Martin y otros quejosos, y la defensa que Martin hace no sólo de su nombre, sino también de la vida que en tres años al lado de Bertrande ha construido: una hija juntos, una relación apacible y mucho trabajo.

El éxito de la película francesa llevó a Jon Amiel a realizar su propia versión, Sommersby (1992), situada históricamente en Estados Unidos en la época de la Guerra Civil, con Richard Gere y Jodie Foster en los papeles protagónicos.

En El regreso de Martin Guerre observamos las herramientas jurídicas de mediados del siglo xvi en Francia: un juicio público en el que el acusado asume su defensa, con el pueblo entero reunido, los testimonios de algunas personas, el papel de la religiosidad y las supersticiones. 

¿Qué pasa por la mente de Martin Guerre? ¿Qué es lo que subyace en la acalorada defensa que realiza sobre su identidad? ¿Qué piensa Bertrande ante la acusación que recae sobre su esposo? ¿Se dejó engañar, está segura, tiene vacilaciones?

La duda invade a los pobladores mientras se desarrolla el juicio. Un hecho inesperado desvelará las dudas. Antes, al ser interrogado sobre su veredicto del caso por uno de sus asistentes, el juez Coras afirma: “La mentira tiene mil caras, inclusive la del demonio, pero la verdad sólo tiene una y la justicia está para que surja la verdad”.

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